De unas semanas recorriendo España viendo la emoción de muchos ante la llegada de ese eclipse que nos maravilló.
Es cierto que también, para otros tantos, la turra ha llegado a ser considerable, pero que el sol y la luna hayan querido deleitarse ante nuestros campos, ante nuestras casas, ante los pueblos en fiesta, ante un verano apurado, y ante nuestros ojos... es algo que hay que celebrar.
Y la acción fue como lo es la esencia de nuestros días: breve y concisa, sin parpadear. Ninguna milésima de segundo fue igual a la anterior.
"Lo espectacular de esto es que tanto tiempo antes pudiéramos calcular que esto iba a pasar", decían algunos, y aún siendo así, asusta por dentro el saber lo poco que sabemos de la inmensidad del exterior.
Eso fue lo verdaderamente espectacular, volver a sentirse microscópico en un universo inmenso que todos los días nos recuerda que el sol nace y muere, y que pase lo que pase, lo seguirá haciendo.









