Al salir de casa, al entrar, cuando paseas entre escaparates, cuando vas en metro... cuando te ves frente a algún espejo, siempre observas como tu contorno se muestra a los demás. Está al alcance de muy pocos traspasar las capas de la carne y ver lo que hay por dentro.
Los que lo hacen es probable que te hablen desde el corazón, como alguien de tu familia. O desde la admiración como un buen amigo. Muy pocos lo harán desde la pura verdad, desde lo que hay, sin poesía ni respeto.
Una persona un día me miró por dentro y observó mi voz, incluso también mi corazón (que muchas veces lo primero depende de lo segundo), y lo hizo poniéndome frente a su espejo. Mostrándome mis debilidades, mis polos hacia donde no debería pisar, mis inseguridades.
La mujer del espejo, como alguno la conocía, dijo una vez que ella estaba sentada donde quería estar. En su despacho en el centro de Madrid por donde tantos profesionales desfilaban a diario. A todos los ponía frente a su espejo para que se vieran cómo son y como suenan. "Si este espejo hablara..."
Igual parte de esa escenografía tenía que ver con su pasado soñado como directora de fotografía. El cine fue su primera llamada pero, como también se la escuchó en alguna ocasión: "cambié las luces por las voces". Pese a ello, aquella forma de mirar la vida y a las personas siempre quedó en su mirada de cine.
Aquella mujer, nos dio a muchos de nosotros el primer papel de aquel texto que cambió gran parte de nuestra vida. "Vosotros no estáis aquí por lo buenos que sois o por lo que sabéis, estáis aquí por vuestra sensibilidad.", dijo un día ya en una de sus primeras clases. Allí comenzamos a entender qué era lo de mirar nuestra voz.
Siempre tuvo unos recuerdos especiales hacia Salvador Arias, actor que destacó en el doblaje, a quien recordaba como aquel que le enseñó a confiar en su voz. Un ejemplo que trató de trasladar a quienes pasaban por sus manos. Al principio, muchas voces llegaban justas de confianza y de empeño, pero el efecto de ella y su espejo cambiaba las autoestimas en cuestión de semanas.
"La voz para mi es el mayor tesoro que hay. Es milagroso como algo tan pequeño y tan delicado puede, en algún momento, hacer algo tan bonito como es que se le salte la lágrima de emoción a alguien escuchándote." Solo sintiendo pasión por lo que haces a diario, se puede llegar a la plenitud de soportar el paso del tiempo y las circunstancias. Esa mujer lo hacía.
Después de miradas al espejo, después de que las voces de tantos se graduaran, todo lo aprendido lo escuchamos a diario. Aquella mujer y su espejo sigue reflejando la forma de decir aquello que pensamos en nuestra profesión.
"Hay que ser tu coach personal porque no todos los días son perfectos.", comentó ella en una entrevista hace unas semanas. Lo raro de hoy es que haya algún día perfecto.
Gracias por tu tiempo, tus ganas y tu mirada que siempre iba más allá.
Para aquella mujer del espejo.